El problema del subdesarrollo económico es el problema
de la baja productividad. Un país es subdesarrollado cuando el producto
por habitante es bajo. Para salir del subdesarrollo se necesita aumentar
la productividad o el producto por habitante. Sin embargo, el verdadero
problema consiste en identificar las causas del subdesarrollo o de la
improductividad y removerlas. La primera causa del subdesarrollo que hay
que remover y la más importante es la percepción que se tiene del
subdesarrollo. ¿Por qué es ésta la principal causa del subdesarrollo? Esta
percepción de las causas del subdesarrollo es equivocada. Como
consecuencia, todo el dinero que se ha invertido a través de décadas en
ayudar a los países del tercer mundo para salir del subdesarrollo es
dinero que se ha perdido. Lo peor de todo es que continuará perdiéndose en
el futuro como consecuencia de mantener una percepción equivocada de las
causas del subdesarrollo.
¿De dónde surge esta percepción? En la búsqueda de las
causas del subdesarrollo se observa que los países subdesarrollados se
caracterizan por un bajo acervo de capital físico y humano. Poca
maquinaria e infraestructura y poca preparación técnica y profesional del
trabajador. Por el contrario, la alta productividad en los países
desarrollados está asociada con un acervo de capital por individuos alto,
conjuntamente con un alto grado de capacitación técnica y profesional. En
consecuencia, se concluye que las causas del subdesarrollo residen en un
bajo acervo de capital físico y en un bajo nivel de educación técnica y
profesional. Por consiguiente, se piensa que para salir del subdesarrollo
lo que hay que hacer es invertir en maquinaria, infraestructura y
educación técnica y profesional.
A pesar de que han pasado décadas ensayando esta
hipótesis sin obtener resultados, se continúa con la creencia de que esta
hipótesis es correcta y que el subdesarrollo se debe a la falta de capital
físico y humano.
A partir de la Segunda Guerra Mundial una gran parte de
los países de Europa terminaron con mucho menos acervo de capital que los
países de América Latina. Alemania terminó completamente destruida sin
infraestructura y sin maquinaria. Al cabo de pocas décadas, Alemania y el
resto de Europa resurgían como potencias económicas, mientras los países
de América Latina, más de medio siglo después, siguen en las mismas
condiciones de subdesarrollo. Los planes de ayuda a Europa como el plan
Marshall, produjeron resultados, a diferencia de los planes de ayuda a
América Latina que no han producido resultados.
Por consiguiente, en este momento histórico la
principal causa del subdesarrollo se encuentra en mantener una percepción
equivocada sobre las causas del subdesarrollo que conduce al desperdicio
de los fondos que se invierten.
En los países desarrollados, cuando se piensa en
contribuir al desarrollo económico de los países del tercer mundo, se
piensa generalmente en suministrarles dinero, ya sea a través de préstamos
o regalías, con el propósito de realizar inversiones en infraestructura y
educación profesional. Esto se debe a que se piensa que el problema del
subdesarrollo es causado por la falta de capital físico y humano. No se
plantea el problema del subdesarrollo como uno que obedezca a la falta de
valores sociales instalados en la psiquis de los individuos, o a la falta
de actitudes positivas o a la falta de instituciones sociales o a la falta
del Estado o a la falta de un sistema económico de mercado de competencia.
Pero en realidad, estas variables psico-sociológicas constituyen las
causas del subdesarrollo. Para ser más específico, todos estos factores o
variables constituyen uno solo, pues cada uno es la consecuencia
concatenarte del otro. La ausencia de valores sociales instalados en la
psiquis de los individuos produce la ausencia de actitudes positivas. La
ausencia de actitudes positivas en la población, produce la ausencia de
instituciones sociales. La ausencia de instituciones sociales produce la
ausencia del Estado. La ausencia del Estado, produce la ausencia de un
sistema de mercado de competencia. La ausencia del Estado y de un sistema
de mercado de competencia produce el subdesarrollo. Por consiguiente, la
percepción del problema del subdesarrollo en los países desarrollados es
equivocada. La falta de capital físico y humano en los países
subdesarrollados es la consecuencia del subdesarrollo y no, como se
piensa, la causa del subdesarrollo.
Las causas del subdesarrollo de naturaleza psico-sociológicas,
no son percibidas por las instituciones internacionales que brindan ayuda
a los países subdesarrollados. Ellos tienen la percepción de que en los
países subdesarrollados existen las instituciones gubernamentales, existe
el Estado y existe un sistema capitalista. En el acto de prestar dinero a
los países subdesarrollados está implícito la creencia en la existencia de
estos tres factores. Admitir que estos tres factores no existen cuando se
le brinda ayuda financiera a un país, sería como admitir que se está
actuando irresponsablemente al otorgar dichos préstamos, pues resultaría
evidente que en una situación de anarquía ese dinero de seguro se lo
robarían total o parcialmente los políticos, condenando a los pobres de
dicho pueblo a pagar por el dinero que se roban los políticos. Las
organizaciones que brindan ayuda financiera a los países del tercer mundo
no admiten actuar irresponsablemente, por consiguiente, están dando por
sentado la existencia de estos tres factores. Sin embargo, esta percepción
es equivocada porque la realidad es que en los países subdesarrollados
estos tres factores no existen. Esta falsa percepción tiene su origen en
la tendencia a confundir la existencia de una institución con las
estructuras que la alberga.
El Estado es el gobierno en un país o nación. El Estado
se compone de instituciones. Es la organización compuesta a su vez de
organizaciones llamadas instituciones gubernamentales que ejerce la
autoridad y el uso de la fuerza en un territorio con el propósito de
imponer un determinado orden. Este orden viene dado por las leyes, las
normas sociales y las reglamentaciones que deben regir la conducta de los
individuos en la sociedad. Estas leyes, normas y reglamentaciones pueden
ser establecidas por un monarca o por un dictador o por un cuerpo
legislativo o por las costumbres y tradiciones de la sociedad o por las
creencias religiosas. El Estado puede ser una monarquía o una dictadura o
una democracia. Aún bajo una monarquía o una dictadura las leyes, normas y
reglamentaciones pueden ser establecidas, aparte de por el monarca o el
dictador, por un cuerpo legislativo o por las costumbres y tradiciones o
por las creencias religiosas. Mientras más progreso, bienestar y/o poder
económico exhibe una sociedad, mayor suele ser la existencia y presencia
del Estado y, por consiguiente, mayor suele ser el orden y el cumplimiento
de las leyes, las normas y las reglamentaciones; mayor suele ser la
disciplina de los individuos; mayor suele ser su grado de civilización.
En los países del tercer mundo el desarrollo económico
está asociado a estas variables. Para que haya desarrollo económico es
necesario la existencia de instituciones a cargo de hacer que se cumplan
las leyes y reglamentos que regulan las relaciones entre los individuos y
la forma de dilucidar las diferencias entre ellos que puedan surgir. En
otras palabras, es necesaria la existencia del Estado a cargo de aplicar
las leyes y reglamentos que hacen posible la existencia del orden y, por
consiguiente, del sistema económico y político. Pero esas instituciones
que componen el Estado tendrán un nivel de eficiencia y, por consiguiente,
de existencia misma que dependerá de las actitudes que tengan los
funcionarios en dichas instituciones o en dicho Estado hacia el
cumplimiento de las leyes y los reglamentos. La institución policial no es
el edificio de concreto armado donde operan los agentes y oficiales
policiacos. La institución policial, como cualquier otra institución, es
un organismo de departamentos interrelacionados desempeñando tareas
complementarias con uno o más objetivos o metas. Esto es, reducir la
criminalidad, evitar la violación de las leyes, proteger la propiedad y la
vida de los ciudadanos, etc.. El grado en que la institución alcanza esa
meta depende del grado en que los individuos que componen esa institución
están motivados (identificados, compenetrados, impulsados, compelidos) en
su conducta con el logro de dichos objetivos o metas. Eso depende de las
actitudes de los individuos hacia el cumplimiento del deber y las
actitudes dependen a su vez de los valores sociales instalados en la
psiquis de los individuos.
Los valores instalados en la psiquis de los individuos
son aquellos que cuando se violan activan una emoción. Un individuo
responde emocionalmente a la violación de un valor, cuando al violar él
dicho valor delante de los demás siente la emoción vergüenza o cuando al
violar alguien dicho valor delante de él, siente la emoción ira o cuando
al violar él dicho valor, pero no delante de los demás, sino ante sí
mismo, siente ansiedad y desagrado. Si los individuos no responden
emocionalmente ante la violación de los valores sociales, no tienen
instalados dichos valores en su psiquis y, por lo tanto, no tendrán las
actitudes hacia el cumplimiento de sus deberes. Por consiguiente, no
estarán motivados para alcanzar las metas de la institución.
Del conjunto total de valores de una sociedad, tienen
particular importancia los que podemos llamar valores sociales básicos.
Los valores sociales básicos se pueden definir como aquellos que valorizan
positivamente los comportamientos individuales que cuando todos los
individuos los realizan, redundan en el bienestar del colectivo y aquellos
que valorizan negativamente los comportamientos individuales que cuando
todos los individuos los realizan redundan en el mal del colectivo. Los
valores básicos son: robar es malo, matar es malo, mentir es malo, ser
honesto es bueno, engañar es malo, ser altruista es bueno, tener palabra o
cumplir la palabra es bueno, ser valiente es bueno, ser objetivo es bueno,
ser justo es bueno, ser imparcial es bueno, etc..
Si el 100% de los individuos que componen una
institución policial tienen todos los valores sociales básicos firmemente
instalados en su psiquis, la institución operará con un nivel de
eficiencia extraordinaria, aunque no tenga un edificio o estructura que
los albergue y desde la cual operar, aunque no tenga recursos económicos
para operar, ni tenga equipos de trabajo, ni tenga leyes claras y de fácil
aplicación. Esto será así porque estarán fuertemente motivados. Si el 50%
de los individuos que componen la institución policial tienen todos los
valores sociales básicos firmemente instalados en su psiquis y el otro 50%
de los individuos no los tienen o si todos tienen la mitad de los valores
sociales básicos instalados en su psiquis, pero la otra mitad de los
valores no están instalados o si todos tienen todos los valores
instalados, pero no muy firmes, de manera que las emociones que activan
ante su violación (vergüenza, ira, ansiedad) no sean muy fuertes, la
institución funcionará mediocremente. Finalmente, si ningún individuo que
compone la institución tiene los valores sociales básicos instalados en su
psiquis o si muy pocos los tienen, la institución no existirá, el caos y
la anarquía en sus operaciones prevalecerá y su nivel de eficiencia para
alcanzar las metas será cero o casi cero, no importa los edificios y las
facilidades físicas que los albergue, ni los recursos con que cuenten.
Cuando los individuos que componen las instituciones
gubernamentales no tienen los valores sociales básicos instalados en su
psiquis, no hay instituciones gubernamentales, no hay Estado capaz de
aplicar las leyes y reglamentos que regulan el mercado de competencia. En
consecuencia, no existe un sistema de mercado de competencia. El
desarrollo económico permanece estancado como consecuencia de esta
situación de anarquía o anomia social en donde los más fuertes se imponen
sobre los menos fuertes y no existe la aplicación de las leyes y el orden
legalmente establecido. Anomia es una palabra de origen francés que quiere
decir ausencia de normas (desorganización social y personal,
desmoralización, etc.). El término anomia social es usado con más
precisión por los sociólogos E. Durcheim y Robert K. Merton para designar
el estado de anarquía que se crea cuando las normas de conducta que la
sociedad establece como legítimas para alcanzar las metas sociales
(valores) no están integradas a las metas sociales (valores) y, en
consecuencia, nadie obedece las normas sociales de conducta en la
sociedad. Por ejemplo, los individuos quieren alcanzar la meta socialmente
aceptable de ser ricos, pero nadie sigue las reglas de que hay que hacerlo
sin robar, sin estafar, si sobornar, sin matar, etc.. (Una discusión del
término siguiendo la conceptualización mertoniana se puede obtener en el
Apéndice C: "Aspectos Sociológicos del Subdesarrollo"). (Una
discusión más concisa del problema del subdesarrollo discutido aquí se
puede ver en el Apéndice D: “La Anomia Social Como Causa del
Subdesarrollo”).
Para traer el desarrollo económico en un mercado de
competencia, es necesario instaurar el Estado, instaurar la
institucionalidad, es decir, hacer que las instituciones gubernamentales
funcionen. Para hacer que las instituciones gubernamentales funcionen, es
necesario la formación de actitudes positivas básicas en los individuos.
Para formar las actitudes positivas básicas en los individuos es necesario
instalar los valores sociales básicos en la psiquis de los individuos que
la componen y acabar así con la situación de anomia social.
Es de advertirse, que lo que se pretende instalar en la
psiquis de los individuos no son los valores sociales básicos de los
países desarrollados sino los propios valores sociales básicos del país
subdesarrollado. Por lo general los valores básicos en las distintas
sociedades son los mismos. Todos los pueblos establecen más o menos un
mismo conjunto de valores que podríamos llamar básicos. Esta expresión de
la cultura de los pueblos es bastante parecida de una sociedad a otra, no
importa el nivel de desarrollo económico. Esto se debe a que los valores
sociales básicos son la expresión verbal de los comportamientos
individuales que redundan en el bienestar del colectivo. Puesto que lo
que define el bienestar colectivo tiende a ser igual en todas las
sociedades, la expresión de los comportamientos individuales que generan
dicho bienestar colectivo, y que es lo que se representa en los valores
sociales que hemos dado en llamar básico, es la misma en virtualmente
todas las sociedades, desde las más subdesarrolladas hasta las más
desarrolladas. Virtualmente, en todos los pueblos es malo mentir, robar,
ser deshonesto, ser antieconómico o derrochador, ser ineficiente, etc.
La diferencia radica en que, en los pueblos desarrollados, la proporción
de la población en la cual estos valores han sido instalados en la
psiquis de los individuos y la intensidad (importancia relativa del valor)
con que las personas que los tienen instalados responden al valor, es
mayor que en los subdesarrollados, y eso tiene unas consecuencias, no
solamente sobre el bienestar del colectivo, sino sobre el nivel de
productividad, eficiencia y desarrollo económico de la sociedad como un
todo.
Es decir, todas las sociedades han desarrollado y
exhiben un conjunto de valores culturales que podemos llamar básicos y que
son comunes a todas ellas. Al parecer, todas las sociedades descubren, a
través de la experiencia, el mismo conjunto básico de normas de conducta
social que definen el bien común, el bien del colectivo, por el encima del
bien individual. En todas las sociedades robar es malo, mentir es malo,
ser honesto es bueno, etc. Lo que diferencia una sociedad de otra no es
el patrón básico de valores culturales que desarrollan, sino la proporción
de la población que se apega y sigue fielmente el cumplimiento de los
mismos. O sea, en lo que se diferencian es en la proporción de individuos
que instalan en su psiquis los valores que establece la sociedad y que
consagra como parte venerable de su cultura.
No estamos diciendo con esto que todas las culturas son
iguales en cuanto al sistema de valores o normas sociales que desarrollan,
sino que todas tienden a ser iguales en cuanto al conjunto de valores y
normas básicas que definen el bien común por encima del individual. En
ese sentido, todas las sociedades, por experiencia, llegan al mismo
descubrimiento y lo consagran como los valores sociales que forman parte
de la cultura general más amplia. Por ejemplo, la sociedades pueden
diferir en cuanto a los valores que definen la posición del hombre y la
mujer en la sociedad. Pueden diferir en cuanto a la forma de vestir o sus
hábitos alimenticios. Pueden diferir en cuanto a su concepción de la
puntualidad, el sentido de la vida y la obscenidad, etc.. Así, la
cultura árabe se diferencia de la latina y la latina de la anglosajona.
Pero en todas ellas robar o mentir o ser deshonesto o ser derrochador o no
ser eficiente o no ser económico o ser egoísta o no ser considerado o no
ser altruista, etc., es malo. Todos éstos son valores que definen los
elementos que constituyen el bien común. Son estos elementos de la
constelación de valores que definen el bien común, los que llamamos
básicos y cuya instalación en la psique del individuo interesamos
realizar.
La medición del grado o proporción en que los valores
básicos de la sociedad, que definen el bien común, están instalados en los
miembros que la componen, sería, de poderse realizar, un índice del grado
de aculturación (apego a la cultura propia). Es de esperarse que mientras
más apegado a los valores que definen el bien común sea un pueblo, más
eficiente será la sociedad y mayor debe de ser el desarrollo económico
que se alcance
Es necesario aclarar, aunque resulte obvio para todo el
mundo, que no existen razas superiores. En consecuencia, las diferencias
que se observan entre un país y otro en términos del grado de desarrollo
económico y en términos de capacidad organizativa e institucional, tienen
su origen, no en la superioridad de una raza, ya que todas las razas son
iguales en cuanto a capacidades e inteligencia, sino en las diferencia de
actitudes, es decir, en las diferencias de conductas aprendidas.
Los últimos descubrimientos científicos sobre el origen
del ser humano, basado en el estudio de las mitrocondias de las células,
ubican a todas las razas en el planeta teniendo un mismo origen en una
abuela ancestral africana y presumiblemente negra. Aparentemente, en esta
mujer hubo una mutación que le dio una ventaja sobre los demás. Por
consiguiente, en el presente, sus descendientes son los únicos
sobrevivientes en el proceso de selección natural. Sus descendientes
salieron de África hace 70 mil a 60 mil años y se esparcieron por Europa,
Asia y América. Las diferencias raciales que se observan de esa
descendencia tienen su origen en la adaptación al medio ambiente climático
y geográfico de esa especie única que es el ser humano.
Deseamos hacer énfasis en esto porque a veces las cosas
obvias sirven a las personas malintencionadas para generar discusiones
demagógicas sobre cuestiones sin ninguna trascendencia o relevancia. Estas
discusiones drenan nuestras mejores energías y las desvían de lo que debe
ser el propósito de todos y que es identificar las causas del
subdesarrollo para poderlas remover y sacar de la indigencia a millones de
seres humanos que en el planeta están sufriendo hambre y miseria.
En los países subdesarrollados existe la falsa
percepción de que la institución policial existe. Esto se debe a que se
confunde el edificio y las paredes de concreto armado, así como su
localización en alguna calle o avenida, con la institución misma. Lo mismo
ocurre con las demás instituciones como los tribunales, el sistema
penitenciario, el sistema de educación, la legislatura, etc.. En ausencia
de las instituciones del Estado, el Estado no existe. Por consiguiente, es
mucho el tiempo, el dinero y la energía que los ciudadanos pierden cuando
se da por sentado la existencia de instituciones gubernamentales que no
existen. Ese ciudadano que acude a la policía para reportar el robo de su
vehículo o de cualquier propiedad, creyendo que la institución existe,
pierde el tiempo y la energía. En el mejor de los casos, la policía no
hará nada, o casi nada. En el peor de los casos, de la policía encontrar
al que se lo robó, es posible que se lo apropie y ya no lo pueda recuperar
o es posible que se ponga de acuerdo con el ladrón para borrarle la
identificación y venderlo y repartirse el dinero. En consecuencia, no
existe la institución policial o su existencia es tan tenue, tan débil,
como las actitudes de los funcionarios que la componen. Lo mismo aplica
para todas las demás instituciones gubernamentales como los tribunales,
las cárceles, el Departamento de Hacienda, etc..
El Departamento de Hacienda de cualquier país juega un
papel fundamental en el desarrollo económico. Es por medio de esta
institución que se redistribuye el ingreso mediante el cobro del impuesto
progresivo a la renta. También juega un papel preponderante en la
expansión de la demanda agregada para aumentar el nivel de producción y
empleo y en la creación de infraestructura y servicios médicos y
educativos para la población. No obstante, en los países subdesarrollados
estos objetivos institucionales no se pueden cumplir porque el
Departamento de Hacienda no existe. En ausencia del Estado no hay sistema
de impuesto que funcione. Es decir, los más fuertes, los ricos, no pagan
impuesto progresivo a la renta como corresponde. Sólo los más débiles, los
pobres, pagan impuestos regresivos al consumo. Por consiguiente, en
ausencia del Estado, no hay redistribución del ingreso, no hay expansión
de la demanda agregada y del nivel de producción y empleo de manera
adecuada, no hay infraestructura adecuada, no hay hospitales ni escuelas
adecuados. En ausencia del Estado, no hay sistema de mercado de
competencia, no hay capitalismo. En otras palabras, en ausencia del Estado
lo que existe es una situación de anomia social.
La falsa percepción de que las instituciones
gubernamentales existen, no solamente abarca a las personas en los países
subdesarrollados, sino también a las personas en los países desarrollados.
El problema de la ausencia de institucionalidad en los países
subdesarrollados se percibe en los países desarrollados como un problema
de falta de infraestructura física y de educación ética y profesional. Se
piensa que la falta de instituciones se debe a la escasez de capital. Por
tal razón, toda la ayuda se concibe en términos de dinero. Es decir, todo
se concibe como un problema de falta de capital que puede ser resuelto con
dinero. En consecuencia, se brinda dinero para que se hagan más escuelas,
más cuarteles de policías, más edificios para correo, más agencias de
investigación del crimen y la corrupción, más programas de educación ética
y/o profesional, etc.
No obstante, como ya se señaló, las instituciones no
son las estructuras que las albergan. En consecuencia, no se logran
proveyendo los fondos para construir la infraestructura. Las instituciones
son organismos o estructura sociales cuyo funcionamiento, como organismo
de partes interdependientes, depende de las actitudes en la mente de los
individuos. En consecuencia, cuando se habla de crear instituciones, de lo
que se trata es de transformar las actitudes de los individuos que
integran esas instituciones y esto no se consigue, como se piensa en los
países desarrollados, invirtiendo en la infraestructura material o en la
educación, sino en la instalación de valores sociales. Hay que invertir en
la instalación de los valores de la sociedad en la psiquis de los
individuos que integran las instituciones.
El sistema capitalista, para que exista, presupone la
existencia de un Estado a cargo de hacer cumplir y aplicar las reglas del
juego en un sistema de libre empresa. En ausencia de la existencia del
Estado, no hay mercado porque no hay orden, no hay quien aplique las
leyes. Las leyes existen pero son inaplicables. Se trata de una anarquía o
situación de anomia social donde prevalecen siempre los intereses de los
más ricos y poderosos. Este estado de anarquía o situación de anomia
social es responsable del saqueo constante del erario y del saqueo de la
ayuda exterior de los países desarrollados en forma de empréstitos, que
trae a su vez la inestabilidad en las variables macroeconómicas tasa de
cambio, tasa de interés, tasa de inflación, etc.. También esta anarquía es
responsable del saqueo de los recursos y las riquezas naturales y del
saqueo de los recursos humanos. Los recursos naturales no son protegidos
sino que son depredados para enriquecer a los privilegiados que se los
apropian ilegalmente o "legalmente" con la ayuda de los funcionarios
gubernamentales corruptos. Los recursos humanos también son igualmente
depredados por la clase empresarial. Los trabajadores tienen que laborar
por un salario de miseria que apenas da para comer una vez al día. Es peor
que un sistema esclavista, pues, para el que no tiene trabajo, simplemente
se le deja morir de hambre y necesidades básicas sin satisfacer, como
servicios médicos.
La visión del subdesarrollo en los países
desarrollados, como un problema de falta de capital, cuando en realidad se
trata de un problema de falta de institucionalidad, es responsable de que
la ayuda exterior para combatir el subdesarrollo, en términos de proveer
dinero o capital a través de empréstitos con el objetivo de invertirlo en
infraestructura, edificaciones, maquinaria y equipos, etc. y en educación,
vaya a parar a manos de los políticos y los empresarios asociados a los
partidos políticos que se roban el dinero que posteriormente los pobres y
trabajadores del país tendrán que pagar conjuntamente con los intereses.
Como consecuencia de esta apreciación, las personas en
los países desarrollados a cargo de implementar la ayuda a los países
subdesarrollados tienen la falsa impresión de que donde se ve un cuartel
de policía existe una institución a cargo de hacer valer el orden público,
donde existe una escuela, existe una institución que enseña a los niños,
que donde existe un hospital, existe una instalación que brinda servicios
médicos a la gente. Por consiguiente, estos funcionarios dirigen la ayuda
económica hacia la creación de más cuarteles de policía, más escuelas, más
hospitales. Pero nada de esto funciona en los países subdesarrollados de
manera cabal. Su funcionamiento es tan bajo y mediocre como el nivel de
subdesarrollo que se padece. La existencia de esas instituciones es tan
leve e imperceptible como las actitudes o motivaciones hacia el
cumplimiento del deber de sus integrantes. Las instituciones sociales
tienen su existencia principal es la psiquis de los individuos que la
componen. Si no se invierte en la transformación y creación de este
recurso humano a través de la formación de actitudes en los individuos, no
habrá instituciones o, más precisamente, las instituciones que haya, serán
tan tangibles como las actitudes que posean los recursos humanos que la
componen.
También es frecuente en los países desarrollados, así
como en los subdesarrollados, confundir la formación educativa profesional
con la formación de actitudes. Hay numerosos ejemplos de ayuda exterior
con el objeto de invertir en la formación educativa y profesional de los
funcionarios gubernamentales en las instituciones policiales, jurídicas y
de hacienda pública y fiscal en los países subdesarrollados. Estos
ejemplos reflejan la falsa idea de que la formación de actitudes es un
problema de educación profesional.
Además es frecuente en los países desarrollados, así
como en los subdesarrollados, confundir la creación de códigos de ética
profesional y su enseñanza con la formación de actitudes. Los códigos de
ética son un listado de valorizaciones sobre la conducta profesional. Su
aprendizaje y conocimiento como material educativo no implica su
instalación en la psiquis de los individuos. Por consiguiente, no implica
la formación de actitudes.
Si se quiere invertir en las instituciones hay que
invertir en la gente, pero no en su preparación académica, sino en la
formación del recurso humano, no en la formación educativa de la profesión
que habrá de desempeñar, sino en la formación cívica. Hay que invertir en
la formación de actitudes básicas en la población, que es lo mismo que
invertir en la instalación de los valores sociales básicos en la psiquis
de los individuos. Valores casi siempre ejemplificados en los héroes y
patriotas nacionales. Valores como, el rechazo a la mentira, el rechazo al
robo, el rechazo a la corrupción, etc.. Valores como el reconocimiento a
la eficiencia, el reconocimiento a la rectitud, el reconocimiento a la
puntualidad, el reconocimiento a el cumplimiento del deber, el
reconocimiento a la honestidad, etc..
2.1
¿Cómo generar la formación de actitudes basicas en la
población?
Nadie sabe cómo invertir la ayuda exterior en la
generación de capital humano del tipo que se ha descrito en los párrafos
anteriores, que no es, valga la aclaración, en la preparación educativa y
profesional de los individuos, si no en la formación de sus actitudes
básicas. La razón para ello es que no hay una teoría sociológica o
psicológica que explique con precisión cómo se instalan los valores de la
sociedad en la psiquis de los individuos de manera tal que puedan
responder emocionalmente ante su violación. Los paradigmas existentes son
vagos e imprecisos y sólo ofrecen orientaciones generales.
No hay duda alguna de que las grandes civilizaciones
prevalecieron sobre los demás pueblos, porque lograron inculcar en sus
ciudadanos ese sentido del deber que cuando la mayoría de la población lo
tiene y lo práctica, redunda en el bienestar de la totalidad o del
colectivo. ¿Cómo lo hicieron los atenienses, los romanos, los egipcios,
los aztecas, los incas, los ingleses, los alemanes, los japoneses? No se
sabe. Lo que sí se sabe es que los valores eran transmitidos de generación
en generación y que el comportamiento desviado (antisocial) era rápida y
fuertemente rechazado por el grupo, a veces de manera muy cruel. Por
ejemplo, entre los romanos y los alemanes era frecuente matar al que no
daba el máximo en el campo de batalla. Habría que escudriñar la historia
de esos pueblos en sus orígenes y formaciones, enfocando la atención en
ese aspecto, para ver si se logra sustraer alguna información en ese
sentido. Esto es una tarea de grandes proporciones que no se puede abordar
aquí. Esperamos que las nuevas generaciones en las universidades se
interesen por ella. Mientras tanto, se pueden abordar metas más modestas
basadas en la experiencia y la intuición.
Intuitivamente se vislumbra dos formas de modificar la
conducta de los seres humanos con respecto al cumplimiento de los valores
básicos de la sociedad y con respecto al cumplimiento de las leyes y
normas sociales. La primera forma de modificar la conducta es mediante el
establecimiento de incentivos (recompensas y castigos) para aquellos que
realicen o no realicen la conducta deseada dada por los valores sociales
básicos de no mentir, no robar, ser honesto, etc. y que cumplan o no
cumplan con las leyes y normas sociales. La segunda forma de modificar la
conducta es mediante la formación de actitudes con respecto a los valores
sociales básicos y con respecto al cumplimiento de las leyes y normas
sociales.
La conducta determinada por incentivos depende de
factores externos al individuo que son los que tienen la capacidad de
imponer el castigo o la recompensa para el que realiza la conducta
indeseada o deseada, según sea el caso. Cuando esos factores externos
desaparecen, desaparecen también los incentivos y con ello se extingue lo
que motiva la conducta. Por el contrario, la conducta determinada por
actitudes depende de factores internos al individuo. Estos factores
internos tienden a permanecer invariables a través del tiempo y, más aún,
a ser transmitidos de una generación a la siguiente. Estos factores
internos también tienen la capacidad de imponer el castigo o la recompensa
para el que realiza la conducta indeseada o deseada, según sea el caso.
Tanto el castigo como la recompensa surgen en términos de estados
emocionales y afectivos desagradables (castigos) como agradables o
gratificantes (recompensas) para el que realiza la conducta indeseada o
deseada, según sea el caso. Los estados emocionales o afectivos
desagradables son la vergüenza, la ansiedad, la angustia (sentimiento de
culpa) y los estados emocionales o afectivos agradables son el orgullo, la
alegría, la euforia, el sentimiento de autorrealización.
La conducta determinada por incentivos tiene como
desventaja que es efímera y desaparece al desaparecer los incentivos.
Tiene como ventaja el que se puede establecer rápidamente por la autoridad
con el poder para recompensar o castigar. Por el contrario, la conducta
determinada por actitudes tiene como ventaja el ser constante y permanente
a través del tiempo y además, se trasmite de una generación a otra. Tiene
como desventaja el que conlleva un proceso más complejo y más lento para
establecerse.
En los gobiernos autoritarios la criminalidad tiende a
ser baja porque el castigo al que viola las leyes y normas sociales se
impone con rapidez y certeza como incentivo para evitar el incumplimiento
de la ley. Pero cuando el gobierno autoritario desaparece, también
desaparece el incentivo para no violar la ley (castigo seguro) y todo
vuelve a ser lo que antes era. Es un hecho conocido que bajo el gobierno
autoritario de Francisco Franco en España y el de Rafael Leonidas Trujillo
en la República Dominicana el nivel de criminalidad o delincuencia civil
era bajo, aunque el realizado por el estado era impune.
En los gobiernos democráticos donde la formación de
actitudes sociales básicas es deficiente la criminalidad es alta, así como
el nivel de anomia social, existiendo poca institucionalidad que pueda
imponer castigos como incentivos para no violar la ley. Por el contrario,
en los gobiernos democráticos donde la formación de actitudes sociales
básicas es alta, la criminalidad tiende a ser menor, así como el nivel de
anomia social, debido a que existe mucha institucionalidad que puede
imponer castigos como incentivos para no violar la ley. Es decir, en este
contexto las leyes y normas sociales se cumplen por dos razones. En primer
lugar, porque los individuos tienen actitudes formadas que los inducen
internamente a cumplir con los valores sociales básicos, las leyes y las
normas sociales. En segundo lugar, porque las instituciones para castigar
al que delinque funcionan debido a que la formación de actitudes en los
individuos de la población hace que los funcionarios de las instituciones
públicas o del estado tiendan a cumplir con su deber, haciendo que las
instituciones funcionen. Debido a que estos funcionarios son extraídos de
una población donde la mayoría tienen los valores básicos de la sociedad
instalados en la psiquis, reaccionan con las emociones vergüenza o
angustia o ansiedad cuando se le incita a no cumplir con su deber y a
aceptar soborno. Como consecuencia de esta formación de actitudes de los
funcionarios públicos las instituciones funcionan más eficientemente. Por
consiguiente, debido a que las instituciones funcionan más eficientemente,
éstas se encargan de perseguir al violador y castigarlo, lo que se
constituye en un incentivo y, por consiguiente, en un motivo más para no
delinquir.
Vemos, pues, que hay dos formas de modificar la
conducta de los individuos con respecto al cumplimiento de los valores
sociales básicos, las leyes y las normas sociales. Una forma es mediante
el establecimiento de incentivos y la otra forma es mediante la formación
de actitudes. Como hemos tratado de explicar ambas formas son
complementarias y están correlacionadas en forma directa. Es decir, cuando
una aumenta, la otra aumenta también. La relación de causalidad en dicha
correlación directa es del siguiente modo. A medida que la formación de
actitudes sociales básicas aumenta, también aumenta la institucionalidad y
la presencia del estado y con ello aumentan los incentivos (penalidades y
castigo seguro) para no violar los valores sociales básicos, las leyes y
las normas sociales. Por consiguiente, si se desea generar cambios
permanentes en la conducta de los individuos hacia los valores sociales
básicos y hacia las leyes y normas sociales, deben crearse programas de
formación de actitudes en la población.
Si se pretende circunscribir la ayuda para el
desarrollo económico a aportaciones de dinero, deberá invertirse, no en
infraestructura material, si no en programas de instalación de valores
sociales básicos en la psiquis de la población.
Hay varios mecanismos que determinan la conducta. En el
libro "Hacia Una Reformulación De La Psicología Contemporánea: La
Teoría De Los Senergicones" se discuten en detalle los mecanismos que
determinan la conducta. Dos de ellos tienen particular relevancia en este
escrito. Uno es el mecanismo de las actitudes que se discute en el
capítulo 2 del libro citado y el otro es el mecanismo de los incentivos
que se discute el capítulo 8.
Una actitud se forma cuando se instala en la psiquis
del individuo un valor de la sociedad. Un valor de la sociedad es una
valorización o clasificación de un objeto concreto o abstracto en términos
de dos categorías posibles: malo o bueno, positivo o negativo. Los valores
sociales conllevan comportamientos individuales ante objetos concretos o
abstractos que cuando todos los miembros de la sociedad los realizan,
siguen o cumplen, redundan en un mayor bienestar para el colectivo, o sea,
para la totalidad del grupo o sociedad. Los valores instalados en la
psiquis de los individuos son los que tienen la capacidad de activar
emociones y, por consiguiente, afectar la conducta (las actitudes
correctas).
Por consiguiente, una actitud es o se puede definir
como el conjunto de reacciones que ocurren en el individuo al enfrentarse
a un objeto concreto o abstracto y que determina su conducta ante el
objeto. Es decir, determina lo que siente, piensa y hace el individuo
respecto al objeto. Este conjunto de reacciones hacia el objeto abstracto
“el trabajo”, “la corrupción”, “la honestidad”, “la justicia”, etc. o
concreto, “la persona trabajadora”, “la persona corrupta”, “la persona
deshonesta”, “la persona injusta”, etc. tiene su origen en fenómenos
psíquicos inconscientes. Una actitud ante un objeto abstracto o concreto
es el resultado de uno o más valores instalados en la psiquis del
individuo hacia dicho objeto abstracto o concreto. Un valor instalado en
la psiquis de un individuo es aquel que activa uno o más estados
emocionales cuando el individuo es enfrentado con el objeto concreto o
abstracto que ha sido valorizado, es decir, aquel valor cuya violación
activa uno o más estados emocionales.
Un incentivo es o se puede definir como un objeto
concreto abstracto que tiene la capacidad de activar estados emocionales y
afectivos en el individuo, los cuales sirven para energizar o motivar la
conducta de ese individuo, no ante dicho primer objeto que activa
directamente el estado emocional o afectivos, sino la conducta ante otro
segundo objeto concreto abstracto con el cual el primer objeto está
relacionado.
En forma somera podemos decir que la conducta ante un
objeto concreto abstracto que está determinada por actitudes es energizada
o motivada por estados emocionales y afectivos activados por los valores
que tenga el individuo instalados en su psiquis con respecto al dicho
objeto concreto o abstracto. Por el contrario, la conducta ante un objeto
concreto o abstracto que está determinada por incentivos es energizada o
motivada, no por los estados emocionales y afectivos que le pueda activar
dicho objeto, sino por los estados emocionales y afectivos activados por
otros objetos concretos o abstractos a los que se le llama incentivos. Los
incentivos son objetos concreto o abstractos valorizados y, por lo tanto,
tienen la capacidad de activar estados emocionales y afectivos en el
individuo. Por ejemplo, el oro, el dinero, el reconocimiento de una figura
significativa, etc. son objetos, algunos concretos y otros abstractos,
valorizados positivamente. El castigo, el rechazo o desprecio de una
figura significativa, etc. son objetos abstractos valorizados
negativamente. La mayoría de los individuos en la sociedad tienen estos
valores sobre estos objetos concretos o abstractos instalados en su
psiquis. En consecuencia, su conducta ante ellos es el resultado de una
actitud. Es decir, su conducta ante el oro, el dinero, el reconocimiento
de las figuras significativas como objetos está orientada de forma
automática por los estados emocionales activados por dichos objetos.
Dichos objetos valorizados se convierten en incentivos cuando energizan la
conducta hacia otros objetos no valorizados por el individuo, pero que
están relacionados con dichos objetos valorizados. Por ejemplo, un
individuo puede conocer los valores básicos de la sociedad con respecto a
los objetos abstractos mentir o robar. Es decir, el individuo puede saber
que mentir es malo y robar es malo. No obstante, ese individuo puede no
tener instalados dichos valores en su psiquis y, en consecuencia, no
responder ante la violación de dichos objetos abstractos valorizados con
la activación de la emoción vergüenza. En consecuencia, puede mentir y
robar sin que le dé vergüenza (a pesar de que conoce los valores de que
mentir y robar es malo) debido a que no tiene dichos valores instalados en
su psiquis. Sin embargo, ese individuo puede abstenerse de mentir y robar
debido a algún incentivo. Es decir, los objetos mentir o robar puede
asociarse con objetos que sí están valorizados positiva o negativamente,
como por ejemplo el dinero o el castigo. De esa manera el individuo puede
abstenerse de mentir o robar debido a que se le recompense con dinero al
no hacerlo o se le castigue cuando lo hace. En este caso su conducta no es
el resultado de una actitud ante los objetos abstractos mentir o robar,
sino el resultado de los incentivos producidos por otros objetos concreto
o abstractos que sí están valorizados.
Puede ocurrir también que un individuo tenga instalado
en su psiquis el valor de que robar es malo y, en consecuencia, le dé
vergüenza ser sorprendido robando. No obstante, a medida que el incentivo
se hace más grande, es decir, a medida que la emoción gratificante del
objeto que sirve como incentivo se hace más intenso, puede llegar a ser
mayor que la intensidad de la emoción vergüenza y, en consecuencia, el
individuo se ve incitado a robar, arriesgándose a ser sorprendido y ser
castigado por la emoción vergüenza. Es decir, si se trata de un incentivo
de 20 o 30 dólares, no robará pues la intensidad de la emoción
gratificante de tener 20 o 30 dólares no es suficientemente intensa para
contrarrestar la intensidad de la emoción vergüenza que sentiría si es
sorprendido robando. No obstante, si se trata de 2 o 3 millones de dólares
quizás se rinda ante la tentación del incentivo, aunque se muera de
vergüenza si llega a ser sorprendido. Es por eso que muchos funcionarios
honestos al caer en la tentación y ser sorprendidos robando terminan
suicidándose por la vergüenza.
Como se puede apreciar, la conducta de los individuos
en la sociedad puede ser energizada o motivada por las actitudes sociales
básicas o por los incentivos. En las sociedades cuya con